El nacimiento de una Estrella

En apenas unos meses, Marcelino García Toral se ha erigido en una certeza absoluta que ha cambiado por completo el día a día de un equipo que hasta hace nada dudaba de todo. Y sobre todo de sí mismo. El Valencia era un club perdido. Confundido. Sabía dónde quería llegar, pero no tenía ni la más remota idea de por qué, hiciese lo que hiciera, no se acercaba ni un milímetro a su objetivo. La frustración lo invadía todo. Cada jugada, cada fichaje, cada cambio. Y al igual que el dinero llama a dinero, el error llama a error. El Valencia CF entró así en una espiral negativa que desnaturalizó todo lo que sucedía a su alrededor. Nada era normal. Todo era excesivo.

Pero Marcelino, que entre sus muchas cualidades está la de ser un técnico capaz de hacer pasar por sencillo lo que en realidad no lo es, no ha tardado ni un par de partidos en devolver al club ché a un estado de naturalidad absolutamente anormal. Cierto es que Voro contribuyó mucho a ello en varios sentidos. La primera piedra es suya y justo es reconocerlo cada vez que toque. Pero lo que ha conseguido Garcia Toral sin “hacer nada fuera de lo común” era totalmente inconcebible hace unos meses. En parte porque el problema no era de entrenador.
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Era una cuestión mucho más compleja de la que ahora no queda nada, pues la realidad que el Valencia viene exhibiendo en La Liga no deja espacio para más.

Ayer, ante un Sevilla herido, el equipo che volvió a demostrar una claridad de ideas que incluso le hacen parecer más equipo de lo que ya es. La prueba del algodón es su crecimiento durante los partidos. Cuando la actividad y la concentración inicial disminuyen y es momento de ir resolviendo problemas, el Valencia de Marcelino comienza a subir el nivel de exigencia hasta desbordar al rival.
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Y el tiempo se paró en el minuto 43 con el otro gran nombre de la noche. Gonçalo Guedes es el protagonista que necesitaba esta película de Marcelino. Sin Guedes en el equipo el guión iba a ser bueno, la historia seguiría siendo sólida y el reparto hubiera podido brillar igualmente, pero lo que convierte al Valencia en una producción aspirante a entrar en la Copa de Europa es su protagonista. El portugués es un futbolista con una capacidad increíble para conducir, driblar, asistir y finalizar. Todo esto le convierte en un ejecutor de contragolpes como no hay cinco en La Liga. Es coger el balón, verle con un par de metros de espacio y saber que la jugada va a acabar en ocasión. Da igual que parta desde su propio campo. Tiene condiciones físicas, técnicas y tácticas, porque lee muy bien todas las situaciones, para sostener cualquier acción. La jugada del segundo gol fue increíble. Casi irrepetible. Pero, sobre todo, fue coherente. Guedes “tiene” ese gol.

Pero como venimos diciendo en las últimas semanas, lo que más destaca de su participación no es su nivel individual, sino más bien cómo su simple presencia eleva -y encaja- el techo futbolístico de las partes y del todo. Ayer, además de su unión con Rodrigo, que es ahora mismo el vínculo más potente de La Liga, se vio a Carlos Soler muy cerca del portugués. Y eso sólo puede significar más buenas noticias. Porque Guedes es eso: un creador de buenas noticias.