Zidane

Merece rescatar en este punto la figura de Cristiano Ronaldo, que evidentemente es otro de los grandes nombres del periplo de Zidane en el banquillo del Real Madrid, y que por su legendario aura dentro de la historia del fútbol quizás esté recibiendo menos protagonismo del merecido en este análisis. Por supuesto que el portugués siempre ha sido el finalizador de la sociedad que ha formado con Benzema, pero esa transformación del sistema del equipo le fue llevando paulatinamente a ocupar el área de una forma, si cabe, más constante. Aún jugando con doble punta, Cristiano acudía a la posición de extremo izquierdo para no tener constantemente la portería rival de espaldas, pero la nueva composición le invitaba, aún llegando después de hacer algún apoyo fuera del área, a acabar siempre en el área. Es evidentemente uno de los aspectos clave para matizar el éxito de Zidane, sobre todo en la Copa de Europa, porque al control obtenido a partir de la táctica y el talento se sumaba la finalización del, probablemente, mejor rematador de la historia. Y eso fue lógicamente una carta ganadora cada martes o miércoles por la noche.
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importantes para completar la rotación desestabilizó la rutina, aunque hubo dos factores quizás más importante para que el cuadro blanco afrontase el presente curso con el pie cambiado: la sanción a Cristiano Ronaldo, y la falta de continuidad por problemas físicos de Carvajal y Bale, que llevaron a una dinámica negativa. Zidane no podía tirar del 4-3-3 en el que creía, mientras que el rombo ni tenía a un Cristiano Ronaldo con el ritmo necesario como para terminar todas las jugadas, ni la figura de los laterales, tan exigidos con el plan Isco, lograba ser tan decisiva. Como el Real Madrid no alcanzaba el control buscado, su presión no era armoniosa, y ahí se evidenciaban las carencias para tapar la salida exterior del rival, que desquebrajaba el sistema defensivo de un equipo con escaso talento individual para recuperar la pelota.
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Quizás por eso la decimotercera resultó si cabe el gran trofeo de Zinedine Zidane al frente del Real Madrid, y el que más le enaltece como entrenador. La preocupación anímica del vestuario era un tema difícil de abordar, pero lo más complicado era tomar decisiones desde lo táctico para ganar la Copa de Europa estando inmerso en una dinámica tan negativa. Y ahí asumió varias que fueron clave. La primera fue el binomio Lucas Vázquez – Asensio, que le alejaba mucho de su idea inicial -básica para controlar- prácticamente como titulares. El equipo blanco pasó en ese momento a defender mejor ambas bandas, básico al no poder asentarse bien en campo rival con pelota, y a activar mejor a un Cristiano Ronaldo que sin que el equipo fluyera con el cuero, no conseguía encontrar zonas de remate limpias. Los dos extremos agilizaron las recepciones por banda y sirvieron más y mejores balones al portugués. Fue una forma de ganar cuando parecía que levantar otra Copa de Europa era una quimera.