Una boca sana y bien cuidada

Abril de 2007

 

Mantener una higiene correcta y prestar atención a la alimentación son los dos pilares de una boca sana. Descubre las claves para evitar los problemas dentales clásicos y sonreír sin complejos

 

 

Disfrutar de una salud bucal óptima no es sólo una cuestión estética; es sobre todo un imperativo de bienestar y una garantía de salud. Además de desempeñar funciones primordiales como la deglución, la respiración o la articulación del lenguaje, la boca expresa emociones a través, por ejemplo, del beso o la sonrisa. De ahí que sea tan importante mantenerla sana. Una higiene adecuada, unos buenos hábitos dietéticos y algunos cuidados son fundamentales, tanto para conservarla en buen estado como para gozar de una mejor salud general, pues la boca es una vía de entrada de sustancias nocivas y un pequeño ecosistema en el que viven millones de bacterias.
Sin embargo, a menudo se descuida esta parte tan importante del cuerpo: en concreto, sólo un tercio de los españoles acudió al dentista el año pasado y el 90% lo hizo impelido por el dolor, cuando las revisiones deberían ser anuales. Y a pesar de que la mayoría de gente se cepilla los dientes, es muy probable que a veces no se haga correctamente o no se aprovechen otras ayudas preventivas para la higiene bucal como el hilo dental o el colutorio. De hecho, un 90% de la población tiene caries y un 70% gingivitis.
 

Buenos aliados de la salud dental

 

Tomar determinados alimentos y recurrir a alguna planta medicinal o suplemento repercute en la salud de los dientes y de la boca en general. Descubre cómo.
Vegetales crudos: masticar zanahoria, manzana, apio… contribuye a limpiar el diente, evitar el sarro y mantener la encía fuerte.

  • Lácteos: son una buena fuente de calcio y fósforo, claves para la mineralización de los dientes. El queso manchego y el gruyere, además, reducen la acidez de la placa tras la comida e impiden su formación.

  • Aceites vegetales: incluir en la dieta aceite de oliva o girasol, por ejemplo, constituye una buena medida anticaries, pues forman una barrera protectora en la superficie del diente.

  • Salvia: posee virtudes desinfectantes y antiinflamatorias. Añadir dos gotas de aceite esencial a un vaso de agua para hacer enjuagues alivia encías inflamadas y úlceras bucales.

  • Aceite del árbol del té: es una planta antiséptica, cicatrizante y bactericida. Dos gotas de aceite esencial de una a tres veces al día, aplicadas directamente o en forma de enjuage, protegen las encías y previenen el sarro.

  • Aceite esencial de clavo: anestésico y calmante, reduce el dolor de muelas mientras se espera acudir al dentista. Se aplican tres o cuatro gotas en una bolita de algodón que se coloca en la pieza afectada.

  • Propóleo: antibiótico natural, inhibe el desarrollo de bacterias. Se puede tomar en forma de caramelo, comprimidos o jarabe, pero también se usa en dentífricos y colutorios natural.

  • Chicle sin azúcar: posee una acción anticaries pues favorece la salivación.

Un buen cepillo

 
  • Debe realizarse tres veces al día, después de las comidas, y durante unos tres minutos.

  • Lo ideal es usar un cepillo de cerdas no muy rígidas, puntas pulidas y redondeadas, y dureza media o suave. Basta una cantidad de dentífrico equivalente a un guisante.

  • Se sujeta con los dedos para no ejercer demasiada presión y llegar a todos los rincones, con movimientos cortos, suaves y elípticos, en dirección de la encía al diente.

  • Cepillarse antes sin dentífrico y con el cepillo seco permite eliminar las bacterias adheridas a los dientes.

  • Al acabar conviene cepillarse también la lengua a conciencia pues allí se alojan muchas bacterias.

  • El cepillo debe renovarse cada tres meses, pues cepillarse con uno viejo no sirve de nada.

  • Los cepillos eléctricos también son útiles ya que mejoran el cepillado y eliminan casi toda la placa bacteriana.

Carlota Máñez