El desafío informativo

Octubre de 2005

 

"Estados Unidos en guerra. Virus misterioso recorre el mundo y cobra la vida de cientos de personas. Los científicos se esfuerzan por encontrar una cura."

 

 

Este titular, reproducido por la revista de la Organización Panamericana de la Salud, no se publicó este año, ni el pasado, sino hace casi un siglo, cuando estaba por concluir la Primera Guerra Mundial. Era 1918 y la "gripe española" -que, a pesar de su nombre, parece haberse originado en los Estados Unidos- daría la vuelta al mundo en cuatro meses y se cobraría más de 21 millones de vidas.

¿Estamos en riesgo de que la historia se repita? Hay quienes piensan que, en cierto sentido, somos ahora más vulnerables que en ese tiempo: los viajes intercontinentales son cosa de todos los días y los virus pueden trasladarse con los pasajeros de una punta a la otra del planeta. Por otra parte, sin embargo, la ciencia, la tecnología y la vigilancia epidemiológica actuales están a años luz de las que existían en esos días, cuando los servicios médicos estaban sobrecargados por el esfuerzo de guerra y los investigadores carecían de recursos para identificar el origen de la enfermedad, y los médicos de penicilina para tratar las infecciones secundarias, como la neumonía bacteriana.

Es en ocasiones como éstas cuando la información responsable adquiere todo su valor. Como afirmó el periodista norteamericano David Dickson, uno de los más poderosos aliados de la enfermedad es la ignorancia. El antídoto obvio es, por supuesto, el conocimiento. "Pero hay una ignorancia acerca de la cual la ciencia puede hacer poco -dice Dickson-: ocurre cuando los hechos se distorsionan o se ocultan."

Tal vez dentro de algún tiempo, cuando la amenaza de la gripe aviaria haya quedado atrás, estos días de 2005 se estudiarán en las escuelas de periodismo como un caso testigo de los desafíos que enfrenta la comunicación de temas médicos y científicos.

Tras la indiferencia mediática -hace un par de años, cuando comenzaban a hacerse oír las advertencias de los epidemiólogos que registraban los brotes asiáticos de H5N1-, surgió el interés acalorado que, en el vértigo cotidiano, confunde vacunas con antivirales, puede hacer fluctuar el número de muertes estimadas entre 5 y... ¡150 millones!, y vacía de precisiones las declaraciones oficiales.

La historia, a estas alturas, tiene todos los ingredientes que justifican los grandes titulares: un virus inquietante, reminiscencias de una peste que devastó a la humanidad y el desconocimiento generalizado. No es un menú informativo sencillo de "cocinar" y mantener el equilibrio exige una percepción especialmente precisa del escenario. La gripe aviaria es, también, un desafío informativo.



Nora Bär