Este titular, reproducido por la
revista de la Organización Panamericana de la Salud, no se
publicó este año, ni el pasado, sino hace casi un siglo, cuando
estaba por concluir la Primera Guerra Mundial. Era 1918 y la
"gripe española" -que, a pesar de su nombre, parece haberse
originado en los Estados Unidos- daría la vuelta al mundo en
cuatro meses y se cobraría más de 21 millones de vidas.
¿Estamos en riesgo de que la historia se repita? Hay quienes
piensan que, en cierto sentido, somos ahora más vulnerables que
en ese tiempo: los viajes intercontinentales son cosa de todos
los días y los virus pueden trasladarse con los pasajeros de una
punta a la otra del planeta. Por otra parte, sin embargo, la
ciencia, la tecnología y la vigilancia epidemiológica actuales
están a años luz de las que existían en esos días, cuando los
servicios médicos estaban sobrecargados por el esfuerzo de
guerra y los investigadores carecían de recursos para
identificar el origen de la enfermedad, y los médicos de
penicilina para tratar las infecciones secundarias, como la
neumonía bacteriana.
Es en ocasiones como éstas cuando la información responsable
adquiere todo su valor. Como afirmó el periodista norteamericano
David Dickson, uno de los más poderosos aliados de la enfermedad
es la ignorancia. El antídoto obvio es, por supuesto, el
conocimiento. "Pero hay una ignorancia acerca de la cual la
ciencia puede hacer poco -dice Dickson-: ocurre cuando los
hechos se distorsionan o se ocultan."
Tal vez dentro de algún tiempo, cuando la amenaza de la gripe
aviaria haya quedado atrás, estos días de 2005 se estudiarán en
las escuelas de periodismo como un caso testigo de los desafíos
que enfrenta la comunicación de temas médicos y científicos.
Tras la indiferencia mediática -hace un par de años, cuando
comenzaban a hacerse oír las advertencias de los epidemiólogos
que registraban los brotes asiáticos de H5N1-, surgió el interés
acalorado que, en el vértigo cotidiano, confunde vacunas con
antivirales, puede hacer fluctuar el número de muertes estimadas
entre 5 y... ¡150 millones!, y vacía de precisiones las
declaraciones oficiales.
La historia, a estas alturas, tiene todos los ingredientes que
justifican los grandes titulares: un virus inquietante,
reminiscencias de una peste que devastó a la humanidad y el
desconocimiento generalizado. No es un menú informativo sencillo
de "cocinar" y mantener el equilibrio exige una percepción
especialmente precisa del escenario. La gripe aviaria es,
también, un desafío informativo.
Nora Bär
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