En tiempos de megalomanía
y de victimización, o sea de no aceptación de los límites concretos de
mi existencia, en tiempos en donde la magia suplanta a la aceptación de
la realidad a través del juego, la droga, el robo de lo que el otro
posee, en momentos en que la envidia no se puede trocar en admiración de
lo que el otro tiene y aceptar la diferencia, en estos tiempos el
científico Stephen Hawking que revolucionó las teorías científicas con
su "Breve Historia del Tiempo" y con el origen de la vida en general y
que ahora ha publicado una nueva edición dedicada al público en general,
nos enseña: "enojarme por mi discapacidad es una pérdida de tiempo, la
gente no nos va a dedicar su tiempo si nos mostramos siempre quejosos".
O sea, no victimizarnos y además producir, hacer cosas para, desde los
hechos, estar con los otros que es lo que todos necesitamos.
No se puede vivir sin los otros. Somos lo que podemos hacer a través,
con y para los otros. El altruismo es la base de la ética. Ya con 63
años Hawking superó en 40 años su expectativa de vida. Su movilidad es
tan limitada que sólo puede usar su dedo para operar la computadora
cuando se siente especialmente fuerte. De lo contrario, se hace entender
a través de su mejilla derecha a la que apunta un rayo infrarrojo que él
maneja a su vez para mover los cursores de un diccionario y que se
encargan de completar una frase completa antes de enviarla a un
sintetizador de voz. Es un ejemplo magno de aceptación.
En la vida en general y en el tratamiento de dolores humanos, desde las
megalomanías más diversas hasta el consumo de drogas, alcohol, sexo,
juego, objetos, etc., e incluso de las depresiones más profundas, el
primer tema a trabajar como piedra de toque del cambio es la aceptación.
Aceptar que tengo un problema y que la sabiduría de Alcohólicos Anónimos
y Narcóticos Anónimos la resume en el lema que los convoca en cada
reunión: "Dios, concédeme la serenidad de aceptar las cosas que no puedo
cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para
reconocer la diferencia".
Hawking se aceptó a sí mismo, y desde ahí pudo crear y darle un sentido
a su vida que es lo más importante en el paso por estos lares. No se
miró al ombligo y se victimizó o llenó de ira atacando al mundo por su
situación. Creó desde sus limitaciones. Renunció al primer anhelo
narcisista que nos puede extraviar y alienar: deseo de ser otro y
lanzarse a asumir y desarrollar lo que es y lo que puede ser. La
aceptación de mis límites es un trabajo, una tarea, una vocación, mi
misión. Hay cualidades que están rehusadas para mí, que las tienen otros
y que, en lugar de envidiarlas, las puedo admirar para crecer así
aprendiendo del otro. El que envidia no aprende porque no se acepta, el
que admira aprende porque pasa por el desfiladero de la aceptación.
Estar en mis límites es aceptar mi historia, los padres y la familia que
me tocó, el cuerpo y la silueta en donde moran mi psiquis y mi espíritu,
incluso mis fallas de salud. Sólo desde acá puedo proyectar mi vida y
hacer con el proyecto una trayectoria, o sea un trayecto positivo.
Sentido de la vida, proyecto y trayecto (ria) van entrelazados con la
aceptación.
La aceptación va unida a la humildad que es el principio y el fin de
toda sabiduría: la renuncia a la soberbia. Los místicos judíos y
cristianos clásicos nos enseñaban que " la Verdad es la humildad y la
humildad es la Verdad". Renunciar a la soberbia nos permite aprender
todos los días. Esta es la Carta Magna del existir.
La soberbia, antítesis de la aceptación, nos entrega a la desesperación.
Soberbia
y desesperación son
puntos ciegos en la observación de la realidad y ésta en última
instancia siempre triunfa: nos muestra nuestra estatura, nuestros
límites, nuestra menesterosidad. Si aceptamos nuestra estatura real,
todos podemos llegar a ser como Stephen Hawking
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