¿Más atención odontológica para los niños cuyos dientes de leche tardan en salir?

Marzo de 2010

 

Según explican en la revista de libre acceso Public Library of Science (PLoS) Genetics, unos especialistas en genética del Reino Unido y Finlandia han hallado cinco genes que determinan el momento en el que los dientes de leche (dentición primaria) salen de las encías de un bebé. Pese a tratarse de dientes provisionales, los científicos sospechaban que debían constituir un elemento de suma importancia en la salud y bienestar general del bebé, un presentimiento que posteriormente demostraron como cierto. Este trabajo formó parte del proyecto EURO-BLCS («Marcadores biológicos, clínicos y genéticos del riesgo futuro de enfermedad cardiovascular»), que recibió 1,4 millones de euros por el área temática «Calidad de vida» del Quinto Programa Marco (5PM) de la UE.

El proceso por el que un niño llega a tener una dentadura completa y reluciente es todo un «rito de paso» que puede prolongarse durante los tres primeros años de vida. Comienza ya en el útero, con la formación de las yemas dentales, la base de las que serán las primeras piezas dentarias. Por regla general, los padres ven asomar el primer diente de su hijo -un signo palpable de que está creciendo- alrededor de los seis meses de edad, que suele ser cuando en su dieta empiezan a introducirse alimentos sólidos.

Hay niños que se desarrollan más rápido y cuyo primer diente surge con tan sólo tres meses, mientras que otros tardan más y sus dientes no hacen acto de presencia hasta estar próximos a cumplir un año. ¿Es la dentición primaria tan imprevisible como los primeros pasos tambaleantes de un niño? Los investigadores se propusieron demostrar la importancia decisiva del entorno prenatal para el desarrollo dental, y para ello escrutaron la influencia de la expresión génica.

Concretamente analizaron el código genético al completo de seis mil individuos de Finlandia y Reino Unido incluidos en el «estudio de cohorte de nacimiento del norte de Finlandia» (NFBC) y el «estudio longitudinal de Avon sobre padres e hijos» (ALSPAC). Estos estudios, en los que se hizo un seguimiento estrecho de los participantes desde el principio de la gestación hasta la edad adulta, proporcionaron al equipo de la profesora Marjo-Riitta Jarvelin, de la Escuela de Salud Pública del Imperial College de Londres (ICL), datos empíricos sobre todo el proceso de formación de la dentadura.

Sus indagaciones sacaron a relucir cinco variantes genéticas que, al parecer, determinan el momento de erupción de los dientes primarios de las encías. Los primeros en aparecer suelen ser los dientes anteriores inferiores, o incisivos centrales. A continuación se suceden las demás piezas dentarias, empezando por las anteriores superiores y terminando por las laterales y posteriores. Curiosamente, las mismas cinco variantes genéticas determinan también el desarrollo dental en etapas más avanzadas.

El equipo científico de la profesora Jarvelin trató de esclarecer si la cantidad de dientes surgidos al año de edad también se rige por variantes genéticas. Pese a tratarse de una cuestión en apariencia simple, la respuesta dista de serlo. Normalmente los dientes no son visibles hasta después del nacimiento, pero en realidad empiezan a formarse desde los primeros compases del desarrollo de cada ser humano.

A medida que la cara del bebé se forma en el útero, la expresión génica controla con minuciosidad el desarrollo de los dientes y el paladar en términos tanto espaciales como temporales. En este punto pueden darse anomalías como la desubicación de piezas dentarias o incluso la falta de éstas, y la investigación referida ha revelado posibles formas de prevenir estas malformaciones.

En su artículo, los autores explican que la formación de la dentadura resulta de la acción coordinada de cientos de genes, pero que la aparición del primer diente tiende a retrasarse cuando en un niño se dan las cinco variantes genéticas señaladas. En estos casos es más probable que el niño tenga menos dientes a la edad de un año y precise tratamiento ortodóntico. Estos especialistas en genética señalan que sus sorprendentes hallazgos poseen implicaciones que no se limitan al desarrollo dental.

El aspecto más llamativo estriba en que la lista de cinco genes incluye algunos que se sabe que guardan relación con el desarrollo de varias otras partes del cuerpo humano, como el cráneo y los dedos de manos y pies, y también del corazón. Aunque no es inusual que un gen desempeñe varias funciones, los autores confían en que, si se confirman sus hallazgos, este trabajo lleve a identificar variantes genéticas que potencian el riesgo de cáncer y otras enfermedades graves en edades adultas.

«Esperamos que [...] estos descubrimientos esclarezcan por qué el crecimiento fetal es, al parecer, un factor tan determinante en el desarrollo de numerosas enfermedades crónicas.»

La Dra. Liliana Muñoz de Chávez, cirujana dentista, respondió.
   
–¿Qué es importante tener en cuenta en la edad escolar?   

–Durante este período suceden cambios fundamentales en el sistema óseo, en el maxilar superior, así como cambios en la dentición temporal por la dentición permanente. Es bueno consultar al odontólogo para detectar y eliminar cualquier factor negativo que altere su normal desarrollo.

Es fundamental el cuidado de la primera molar definitiva (molar de los 6 años) con la aplicación de sellantes. Esta pieza dentaria ayuda a mantener la estabilidad oclusal (mordida) y cuida el espacio correcto de las futuras erupciones dentarias. Erupciona detrás de las molares de leche, situación que se suele confundir como si fuera diente temporal.

Durante los 7 y 10 años, se debe controlar las “caídas” o extracciones molares de leche, si se dieran en forma prematura; el espacio vacío sería fácilmente alterado por la primera molar definitiva, que, biológicamente, tiende a migrar hacia delante. En consecuencia, a los premolares e inclusive el canino permanentes les faltará espacio para su respectiva ubicación, iniciándose severas mal posiciones dentarias, que requerirán tratamientos ortodóncicos y posiblemente acompañados con extracciones dentarias.

–¿Qué hábitos dañinos son los más frecuentes?

–La falta de hábitos adecuados en el aseo bucal trae como consecuencia la formación de caries, que es el problema más común de los dientes en la edad escolar. Estos hábitos se pueden presentar desde edades muy tempranas y pueden lesionar la integridad del sistema estomatognático, los dientes, huesos, músculos y articulación temporo-mandibular.   

Los hábitos dañinos más frecuentes en la formación de la estructura dentaria son: succión del pulgar, del chupete, del labio, de la lengua. También la respiración bucal (permanece abierta la boca de día y de noche); apretamiento dentario y el rechinamiento que es ruido del bruxismo. Todos estos tratados precozmente con aparatos de ortopedia funcional se pueden evitar severas discrepancias ósea y dentarias, reorientando el crecimiento de maxilares y dirigiendo así, de la mejor manera, la erupción de los dientes permanentes.   

El tratamiento realizado en edades tempranas asegurará el éxito y la estabilidad del sistema dentario, cumpliendo su rol estético y funcional adecuado.   
   
–¿Cómo se puede prevenir que aparezcan las caries?   

–El mejor tratamiento es la prevención. He aquí algunos ejemplos.   

Medidas dietéticas: disminuir los azúcares y su frecuencia de consumición. Evitar el uso de la sacarosa, en su lugar usar xilitol y sorbitol que desarrollan una placa bacteriana con menor capacidad cariogénica. Promover el consumo de alimentos ricos en fibras tales como la manzana y la zanahoria.
   
Higiene bucal: los padres asumirán la responsabilidad de la higiene bucal hasta que el niño adquiera suficiente destreza en el empleo del cepillo e hilo dental, que es fundamental para un adecuado cuidado oral.   
   
El flúor: la fluorización del agua de consumo es el método más barato, eficaz e inocuo; reduce las caries hasta el 50%, recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un suplemento individual dependerá del agua potable de la comunidad y de la edad de cada niño. Se recomienda desde el nacimiento hasta los 16 años.   

Resinas y sellantes: serán aplicados sobre los dientes por odontólogos.   

En las casas se utilizarán los enjuagues bucales si fuesen necesarios.

A cuidarse siempre

* Se ha comprobado que la enfermedad periodontal o de  encías puede aumentar durante la adolescencia por falta de motivación en practicar la higiene oral. Los cambios hormonales relacionados con la pubertad pueden aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad. Durante la pubertad, el aumento en el nivel de la progesterona y posiblemente el estrógeno, causan un aumento en la circulación sanguínea en las encías, aumentando la sensibilidad de las encías, pudiendo inflamarse fácilmente, enrojecerse y sentir dolor, además puede presentar sangrado y mal aliento.   

* El adecuado cuidado preventivo incluye controles periódicos, higiene oral cuidadosa, alimentación balanceada, así como tratamientos odontológicos preventivos, disminuyendo así, en gran medida, los riesgos a contraer enfermedades dentales o corregir alteraciones dentales o esqueléticas, que se presentan en edades tempranas. Mientras más precoz sean los tratamientos odontológicos, mayores serán las posibilidades de éxito.